jueves, 27 de marzo de 2014

El estúpido e imbécil Lou Reed.

Querida familia Border, ya que estamos todos en la misma, todos sabemos y conocemos nuestra inestabilidad en las relaciones interpersonales no?

O me equivoco?


Después que me separé, conocí a diversas personas, salíamos, bailábamos, tomábamos y era todo lindo. 


Cuando yo me sacaba la chaqueta, al llegar a un local más caluroso, como un pub o cosa por el estilo (todavía estoy hablando de algo muuuuuy lejano al sexo) y los weones veían mis brazos, simplemente se iban.


Se iban como cobardes incapazes de al menos preguntar qué me había pasado, qué era eso, o qué sé yo....


Así fueron muchas veces, por lo menos unas 5.


Hubo una persona, un verdadero hombre, con él estuve más tiempo y tuvimos algo similar a una relación. 


Su nombre es H., y en un determinado día me dijo, mirándome a los ojos, " Nena, te voy a dejar porque de verdad esta situación es demasiado fuerte para mí. Es demasiada responsabilidad estar contigo. Cada día que llego tienes una herida nueva, tengo miedo a que te quites la vida. Y no quiero estar junto a tí si eso sucede. Me gustas mucho, pero toda esa situación es una carga muy grande para mí." Y se fue.


Creo que fue la única vez que estuve delante de un hombre tan valiente, fuerte y sincero. No lo enjuicié, no le pedí que se quedara, solo lo escuché, y sus palabras retumbaron todo el día en mi cabeza....


Después de un tiempo conocí a Lou Reed, que le gusta el rock como yo. 


No le importaron mis brazos, mis piernas ni mi espalda. Me decía: "me gustan tus ojos y tu sonrisa, deberías de sonreír más". Pero como todo rockero, más volado que la conchetumare. 

Desde mi punto de vista fue lindo lo que tuvimos. Verlo cagarse de la risa con mis historias era genial, era lo mejor que podía existir en ese momento. 


Tuve que dejar Santiago por el tema de mi puto tratamiento. Según el siquiatra que me acompaña desde el principio de todo, es más sano y seguro estar cerca de la familia. Yo no creo.


Ahora me encuentro en una ciudad la cual no me gusta, fuera de Chile, no hay nada que hacer acá, y más encima tengo el pie medio roto. O sea, no puedo salir de la casa.


Lou Reed se quedó allá, y junto con él una gran parte de mi destrozado corazón. Quiero verlo, abrazarlo, tocarlo, besarlo y dormir a su lado, como lo hacíamos. Él con su batería y yo con mi guitarra.


Pero se me hace más fácil tenerle rabia, y decirle estúpido, imbécil, cretino, desgraciado, maldito y asqueroso.


Todavía no tengo fecha pa volver a Santiago. Fuera por mí regresaría hoy, ahora, en ese mismo minuto, y a la mierda con tratamientos y medicinas.


Pero sé que necesito toda esa porquería, una parte sana de mi cerebro sabe que necesita todo ese paquete de fármacos del demonio, aparte del apoyo psicológico.


Bueno, sigo acá, esperando estar junto a Lou Reed de nuevo.

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